¿EXISTE LA ADICCION SEXUAL? Imprimir E-Mail
Escrito por SYLVIA AMORES   
sábado, 05 de diciembre de 2009

¿Qué se puede hacer cuando el sexo domina nuestros actos...?

 

 

Por el Doctor Anthoni M. Lescault

La joven de seria e impecable presencia aseguró que era feliz en su matrimonio, al cual calificó de “sólido, estable, feliz”. Tenía dos hijos, enfatizando que los mismos constituían “la razón de mi vida”. Además, había logrado un trabajo productivo como agente de bienes raíces. Sin embargo, también confesó que le era infiel a su esposo, considerándose incapaz de controlar sus impulsos sexuales, lo cual provocaba que tuviera dos (a veces más) aventuras sexuales a la semana. “Nunca me llego a sentir sexualmente satisfecha... ni siquiera cuando soy infiel”, me explicó angustiada. “En diferentes ocasiones he tratado de controlar mis impulsos, y a veces lo he logrado... pero después de algunas semanas, he vuelto a serle infiel a mi esposo, quien está lejos de imaginar la terrible realidad que estoy viviendo. Estoy consciente de que mi vida íntima es un verdadero desastre, exponiéndome a contraer enfermedades debido a mi promiscuidad, porque hasta ahora he evitado involucrarme sentimentalmente con ninguno de mis compañeros sexuales. Pero también hay que considerar el aspecto emocional: me siento terriblemente culpable en mi hogar... con mi esposo, con mis hijos... ¡tan ajenos a mis conflictos! Trato de ocultar de ellos la doble vida que llevo... ¡pero no me puedo engañar a mí misma! Necesito ayuda... estoy consciente de ello”. Y fue esta convicción de que su vida estaba “encaminada al desastre” (sus palabras) lo que hizo que Josefina B., de sólo 36 años de edad, comenzara a asistir a las reuniones semanales de un grupo de personas como ella –bajo mi dirección– en los cuales se les ofrece ayuda y orientación para superar un problema que sufren infinidad de individuos, aunque no lo revelen: la adicción sexual.

UN PROBLEMA QUE HA EXISTIDO

SIEMPRE, PERO QUE

ALGUNOS SE NIEGAN A RECONOCER...

Muchas personas que escuchan hablar sobre la adicción sexual dudan que la situación realmente exista y se preguntan si lo que consideran que puede ser sólo una compulsión por el sexo (o una sexualidad exacerbada) puede llegar a ser tratada exitosamente. Asimismo, quieren saber en qué momento una situación de apetito sexual saludable puede llegar a convertirse en una verdadera obsesión, como es el caso de Josefina B. La respuesta a esta incógnita es sencilla: al igual que la adicción a las drogas y al alcohol, la adicción al sexo ha existido siempre. A esos individuos les hemos llamado donjuanes, seductores, ninfómanas... pero sus excesos sexuales y su promiscuidad han sido considerados como “una debilidad de carácter” y no como una enfermedad, que es como en verdad debería clasificarse este comportamiento que es verdaderamente riesgoso y debilitante para el individuo que lo presenta... tanto en el aspecto físico como en el emocional.

Aunque no hay cifras confiables acerca de la verdadera incidencia que tiene la adicción sexual en la población, se estima que –tan sólo en los Estados Unidos– entre un 3% y un 6% de los norteamericanos presentan un comportamiento sexual obsesivo. Tan elevada es la tasa de adicción sexual en ese país que ya existen cuatro grupos diferentes de Adictos Sexuales Anónimos (una organización similar a los Alcohólicos Anónimos que funcionan a nivel internacional), con miembros en todos los Estados de ese país. Sin embargo, a pesar del creciente número de inscripciones en las organizaciones dedicadas a tratar la adicción sexual, muchos sicoterapeutas y sicólogos continúan poniendo en tela de juicio el concepto de que el sexo pueda llegar a ser adictivo, y advierten que la orientación que ofrecen estas nuevas asociaciones que se están formando para tratar la situación debe ser siempre acompañada de una verdadera terapia profesional.

“Hay quienes están tratando de simplificar un comportamiento sexual negativo”, expresan los más escépticos con respecto a que hay personas que se convierten en verdaderas adictas al sexo. “El término adicción sexual puede convertirse en una herramienta peligrosa que algunas personas pudieran utilizar para estimular o justificar una serie de actitudes negativas sobre el sexo”. Sin embargo, aquellos pacientes que han podido beneficiarse –y hasta rehabilitarse– con estos programas de ayuda para controlar la adicción sexual combaten las críticas de los siquiatras y sicólogos que aún no aceptan la existencia de la condición como una enfermedad. “Antes de unirme a los Adictos Sexuales Anónimos, vivía obsesionado con todo lo erótico y engañaba a mi esposa con cualquier mujer que aceptara mis insinuaciones, sin que en esos momentos en que el sexo prevalecía sobre mis emociones me preocupara si estaba poniendo en peligro mi salud y la integridad de mi matrimonio”, asegura Nicolás F., de 29 años de edad, casado desde hace cuatro años, y padre de una niña. “A causa de mi obsesión por el sexo, puse en peligro mi trabajo y mi matrimonio... Pero existía dentro de mí una extraña fuerza que me impulsaba a buscar la satisfacción sexual constantemente, sin que lograra ejercer el más mínimo control sobre mi comportamiento. Desde que formo parte de este grupo de orientación, mi vida ha comenzado a cambiar... logro un mayor control sobre mis actos, y hoy pongo por encima de todo placer sexual el valor de mi matrimonio y la estabilidad que el mismo representa en mi vida. Sin duda, mi forma de actuar ha cambiado drásticamente... No sé si estoy curado de la adicción sexual, pero sí estoy consciente de que soy capaz de controlar mis actos y de no dejarme arrastrar por impulsos que antes me dominaban”.

¡EL SEXO CONTROLA (Y ARRUINA)

LA VIDA DE LOS ADICTOS AL SEXO!

Para los adictos sexuales, el sexo llega a convertirse en una verdadera obsesión que tiene un profundo efecto en sus vidas. La Doctora Patrick J. Carnes, una de las líderes en esgrimir la teoría de la adicción sexual –autora de cuatro libros sobre el tema, y Directora de la Unidad de Dependencia Sexual del Hospital Del Amo; en California, Estados Unidos– define claramente la situación de estos pacientes: “Se trata de personas cuya preocupación por el sexo está más allá de su control; el sexo dirige sus vidas... y también las arruina... Por eso repiten compulsivamente las mismas acciones, aun cuando están conscientes de los muchos peligros que corren al ser dominados por sus instintos sexuales, los cuales en ocasiones les llevan a perder completamente su estabilidad... emocional y hasta económica”.

Diagnosticar que una persona sufre de adicción sexual, sin embargo, puede resultar verdaderamente difícil. En primer lugar, los adictos sexuales no muestran síntomas visibles o inequívocos de su compulsión por el sexo; no quedan marcas de agujas hipodérmicas (como en los drogadictos), caras inflamadas y aliento etílico (como en los alcohólicos)... ninguna señal externa causada por su sexualidad exacerbada. Además, determinar en qué momento el apetito sexual saludable se convierte en adicción exige tener una clara línea divisoria entre lo normal y anormal dentro de la sexualidad... Y, ¿quién puede realmente determinar con absoluta certeza qué es normal o no dentro del más secreto y complejo de todos los comportamientos humanos? No obstante, la mayoría de las personas que sufren de la adicción sexual comparten una serie de características peculiares que los distinguen claramente de aquéllos que no están dominados por la compulsión hacia el sexo. Por ejemplo:

· Cuando están en busca de aventuras sexuales (según describen quienes consideran que han llegado a desarrollar la adicción sexual) caen en una especie de estado de trance, en el cual no toman en consideración las consecuencias de su comportamiento. Durante ese estado, nada importa para ellos, sólo la necesidad imperiosa de obtener satisfacción sexual inmediata. No piensan en el trabajo, ni en la familia, ni en las finanzas... ni siquiera en los riesgos de contraer enfermedades de trasmisión sexual o ser arrestados.

· Son incapaces de ejercer control ante un estímulo sexual. Desde el punto de vista físico, las personas que sufren de adicción sexual no necesitan tener, necesariamente, relaciones sexuales con más frecuencia que otras personas que no están dominadas por el sexo. Es decir, la adicción tiene poco ver con la frecuencia de la actividad sexual, sino que es básicamente un problema de control: la vida de estos individuos está totalmente dominada por el sexo.

· Los adictos al sexo raramente tienen la necesidad de alcanzar el clímax sexual en sus encuentros físicos. Su estado de excitación se deriva principalmente de la seducción y la caza... el clímax sexual desempeña un papel menor. Es más, en lugar de proporcionarles relajación y alivio, el orgasmo simplemente provoca que la necesidad y el ciclo de búsqueda se activen otra vez. Es precisamente esa indiferencia que llegan a sentir por el clímax sexual lo que provoca las primeras sospechas de algunas personas de que están teniendo un comportamiento sexual anormal.

En general, no es la frecuencia, sino la calidad del sexo, lo que separa al adicto sexual de las personas que son sexualmente equilibradas. Es precisamente esa diferencia tan sutil lo que provoca infinidad de confusiones en la población. Los especialistas en sexualidad humana , por ejemplo, están acostumbrados a las falsas alarmas que con frecuencia surgen con respecto a la adicción sexual, muchas veces creadas por personas (básicamente mujeres) que están convencidas de que sus cónyuges son “adictos sexuales”. “Insaciables, enfermos, retorcidos, viciosos...”, son solamente algunos de los términos que utilizan para calificar su comportamiento en la intimidad. Sin embargo, cuando estos individuos son evaluados por los especialistas, en casi todos los casos su comportamiento es considerado saludable y normal. En verdad, lo que ocurre es que la pareja preocupada por los excesos sexuales de su cónyuge tiene creencias religiosas muy arraigadas o ha desarrollado una actitud un tanto negativa hacia la sexualidad humana debido a haber recibido una educación sumamente estricta en este sentido, lo cual hace que surja en ella sentimientos de culpa hacia un comportamiento sexual que en verdad es absolutamente normal.

UN MAL QUE SURGE

EN EL SENO DE LA FAMILIA... ¡Y A

MENUDO SE PRESENTA ACOMPAÑADO

DE OTRAS ADICCIONES!

La adicción sexual –lo mismo que otras adicciones– es generalmente un mal que surge en el mismo seno de la familia de la persona afectada, a partir de fallos en los vínculos afectivos que se establecen entre padres e hijos, los cuales causan que el niño no se sienta querido.

· Por lo general, el adicto sexual proviene de una familia desequilibrada, con miembros que son alcohólicos, jugadores compulsivos, o que presentan adicciones de otros tipos. Las investigaciones realizadas al respecto demuestran que en muchas familias, los padres fueron también adictos sexuales, o hubo –por el contrario– un ambiente de represión en todo lo relacionado con la sexualidad humana.

· La adicción sexual también se presenta a menudo acompañada de otras adicciones. Por ejemplo, los análisis estadísticos revelan que aproximadamente el 42% de los adictos sexuales presentan también algún nivel de adicción a las drogas y al alcohol; en el 38% de ellos coexisten trastornos relacionados con la alimentación; y el 27% presenta problemas económicos causados por su compulsión a incurrir en gastos excesivos, muchas veces innecesarios. En esta rara combinación de dependencias, la adicción al sexo puede ser una adicción más... pero puede ser también la adición central de la cual se derivan todas las demás.

Es importante mencionar que la adicción sexual central –como su nombre indica– es casi siempre profunda y comienza desde muy temprano, muchas veces cuando los niños están creciendo y son forzados a la sexualidad prematuramente y con violencia. No es coincidencia que hasta un 81% de los adictos sexuales en recuperación reporten haber sufrido situaciones de abuso sexual o físico durante su infancia. Se considera que es a partir de ese abuso que la adicción sexual comienza a desarrollarse, tomando la forma de un deseo que nunca podrá ser realmente satisfecho y que, al llegar a la adultez, sólo podrá ser repetido compulsivamente. El alivio sólo se encontrará cuando ese niño que fue víctima del abuso sexual o físico, y que aún se encuentra atrapado dentro del adulto, deje de identificarse con la persona que lo sometió al abuso. Los propios adictos al sexo repetidamente admiten que con su comportamiento compulsivo hacia el sexo en realidad están reproduciendo el abuso que sufrieron (en ellos mismos o en otras personas), tratando de esa manera de satisfacer los deseos que quedaron arraigados enfermizamente en sus mentes cuando se produjo la situación de agresión sexual.

¿COMO SE PUEDE TRATAR

LA ADICCION SEXUAL?

Aunque el tratamiento para la adicción sexual requiere inicialmente de un período de abstinencia, el objetivo de la terapia (en contraste con el tratamiento para la adicción a las drogas) no es que el paciente renuncie completamente a tener relaciones sexuales, sino que su actitud hacia el sexo sea más equilibrada, más positiva.

· La recuperación de la adicción sexual es parecida a la recuperación de la adicción a comer excesivamente, en la cual la meta es que el individuo desarrolle un patrón de alimentación verdaderamente saludable, equilibrado. Para que un adicto sexual llegue a rehabilitarse (un proceso que, como promedio, se estima que puede tomar hasta cinco años) es necesario, primeramente, que él reconozca que presenta un problema... y es en este aspecto en el que más ayuda y orientación ofrecen los grupos de Adictos Sexuales Anónimos. Estas organizaciones confían en un programa de doce pasos básicos, desarrollado inicialmente por los Alcohólicos Anónimos para lidiar con situaciones de alcoholismo. Los mismos principios del programa que ha resultado tan efectivo para tratar el alcoholismo están siendo aplicados actualmente para tratar muchos otros problemas de adicción, incluyendo la adicción a las drogas, la compulsión por el juego, y la adicción por la comida. Entre otras metas, este programa está encaminado a que los participantes admitan que ellos son incapaces de controlar su problema, y que hagan una especie de inventario mental de todas las faltas que han cometido y las personas a las que han podido lastimar con su compulsión hacia el sexo. De igual forma, se les incentiva a aceptar la existencia de Dios (o de alguna especie de poder especial), y se les anima a tratar de confiar en ese poder para llegar a superar los problemas que ahora confrontan.

· Una vez identificada y reconocida la situación en que se hallan, los adictos sexuales deberán mantenerse en tratamiento bajo la orientación de un sicoterapeuta. Algunas clínicas especializadas en el tratamiento de la adicción sexual ofrecen un programa de treinta días, en el cual los pacientes hacen un compromiso inicial de abstinencia sexual total (de unos noventa días de duración, más o menos), en los que se prohíbe también la auto-satisfacción por medio de la masturbación. Algunos siquiatras también recomiendan a sus pacientes el uso de medicamentos anti-depresivos, los cuales ejercen un efecto secundario en la reducción del apetito sexual.

· Finalmente, los sicoterapeutas también dirigen sesiones de discusiones –en grupo o individuales– las cuales ayudan a los pacientes a comprender las causas de su adicción y a diseñar diferentes vías para controlar su comportamiento sexual obsesivo.

¿LLEGARA A ACEPTARSE LA

ADICCION SEXUAL ALGUNA VEZ?

La adicción sexual ha encontrado la misma resistencia que se desarrolló con respecto al alcoholismo durante la década de los años cincuenta, cuando la comunidad científica internacional rehusaba aceptar el alcoholismo como una enfermedad. De acuerdo con el concepto popular, en esa época se consideraba que la adicción al alcohol surgía por fallos morales de la persona, y tomó mucho tiempo para que se comenzara a considerar el alcoholismo como lo que en realidad es: una enfermedad... y sumamente peligrosa, por cierto. Con la adicción sexual está ocurriendo actualmente una situación similar. Pero como en este caso se trata del más complejo y poco entendido de todos los comportamientos humanos (que afecta lo más íntimo de nuestra naturaleza), es muy posible que su aceptación como patología tarde algunos años más. No obstante, a pesar de la crítica y la duda de que “el sexo puede ser adictivo”, tanto los sicólogos como los propios miembros de los grupos de ayuda coinciden en un mismo punto: una persona que admite sufrir de adicción sexual es un individuo que se encuentra profundamente afectado por un comportamiento negativo con respecto a su sexualidad, y que necesita ayuda, desesperadamente... Si es así, entonces... ¿por qué no brindársela?

 

Modificado el ( lunes, 24 de mayo de 2010 )
 
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