AMORES INTERRUMPIDOS / EL PRIMER AMOR... ¿ES EL VERDADERO? Imprimir E-Mail
Escrito por HORMIGON   
viernes, 11 de diciembre de 2009

¿Qué mecanismos si­cológicos determinan que esos amores sólidos del pasado nunca mueran?

Dice la canción tradicional latinoamericana que “un viejo amor, ni se olvida ni se aleja”... y en muchas formas, este concepto encie­rra una verdad absoluta.

Consideremos el caso verídico de Eloísa F. y Pablo P. Se conocieron en la escuela, cuando ambos estaban terminando la ense­ñanza secundaria y preparándose para ingresar a la universidad. ¡Fue un amor a primera vista!”, recuerda hoy Eloísa. “Prácticamente, no hicieron falta las palabras entre nosotros, porque era evidente que la atracción física entre ambos era superior a todo... cada uno desper­taba emociones muy intensas en el otro, y la única alternativa era unirnos... compartir nuestras vidas. Comenzamos a vernos a la sa­lida de clases, alguna que otra vez nos escapamos de nuestras respon­sabilidades para escondernos en algún cine... y aquel primer beso provocó un estremecimiento en ambos como... creo yo... nunca más lo habremos vuelto a sentir. Por supuesto que en aquellos días los dos pensamos en el futuro, y ambos hicimos planes para casarnos, mo­vidos por todas las ilusiones que estremecen a los enamorados... Pero estaban nuestros estudios por delante, y los mismos se convertían en un obstáculo que en verdad considerábamos insalvable... ¡y resultó ser insalvable!”.

En efecto, una vez en la universidad, Eloísa comenzó a estudiar Periodismo, mientras que Pablo matriculó Medicina. Los horarios de ambos ya no coincidían, los encuentros eran más difíciles y se fue­ron volviendo más esporádicos, los intereses de los dos también co­menzaron a variar... y el abismo se fue produciendo. “Sí, es verdad que toda aquella situación tormentosa era un ingrediente más para exacerbar nuestro amor imposible, pero también... en el fondo de nuestras almas... tanto Pablo como yo comprendíamos que nuestras relaciones estaban condenadas a terminar, tan abruptamente como habían comenzado... sólo que no había un motivo, porque por encima de todo, los dos considerábamos que nuestro amor era una fuerza su­perior en nosotros, la cual resultaba indestructible”.

En verdad, aquel primer amor de Eloísa y Pablo incluía todos los elementos para que se hubieran unido en matrimonio. Sólo que Pablo comenzó a salir con una compañera de Medicina, y no toleró los celos justificados de Eloísa, quien hizo acopio de su dignidad y puso fin a las relaciones, de una vez y por todas. A partir de ese final abrupto, se vieron alguna que otra vez, pero sólo en ocasiones sociales en las que ambos trataron de evitar el encuentro directo. Dos años más tarde, Eloísa supo –a través de los comentarios de una amiga en común– que Pablo se había casado. “No sabría definir cómo me sentí en aquel momento, pero no creo que la noticia despertara en mí odio ni ren­cor... más bien resignación, porque quizás siempre esperara una re­conciliación”, dice hoy Eloísa. Poco después, cuando se graduó de Periodismo y comenzó a trabajar para una importante cadena de te­levisión, se casó con un importante productor de la telemisora... “y fui feliz a su lado, mucho más cuando nació mi primer hijo”.

Fue una felicidad que sólo se prolongó por siete años, al cabo de los cuales Eloísa y su esposo decidieron divorciarse. A partir de ese mo­mento, sólo en dos ocasiones sintió que se estaba involucrando sen­timentalmente con hombres que le resultaban especiales, y en ambos casos prefirió protegerse de los altibajos que una relación de amor po­dría representar en su vida, prefiriendo refugiarse en su carrera profe­sional y en su hijo. Fue entonces que se produjo el reencuentro con Pablo... “quizás provocado en cierta forma por mí, pues cuando en el canal me comisionaron entrevistar a un médico que se especializara en enfermedades de trasmisión sexual... el SIDA específicamente... no dudé por un instante que era Pablo con quien debía establecer con­tacto... no sólo porque su prestigio como especialista era grande, sino por una curiosidad latente en mí que sentía que debía saciar”.

El resto es fácil de imaginar. Fue un encuentro nostálgico en el que los protagonistas de la historia lo menos que hicieron fue hablar del SIDA y sí de lo que había sucedido en sus vidas respectivas durante todos aquellos años. Pablo también se había divorciado de su primera esposa, se había casado nuevamente, y en esos momentos estaba se­parado de su segunda esposa, con la que había tenido una hija. “Eloísa me seguía interesando como mujer... pero ahora era un sen­timiento diferente... como si de alguna manera quisiera empezar de nuevo lo que habíamos dejado pendiente”, explica Pablo. “Sólo puedo comparar estos sentimientos a los que lo embargan a uno cuando está leyendo un buen libro y, por un motivo u otro, tiene que dejarlo a un lado... hasta que continúa leyéndolo varios meses después”.

Cinco meses después de aquella entrevista, Eloísa y Pablo se muda­ron juntos; hoy están casados.

¿POR QUE SE ENCIENDE LA

LLAMA DE LA PASION EN UNA

PAREJA QUE PUSO FIN

A SU RELACION SENTIMENTAL?

Los casos como el de Eloísa y Pablo son muchos. Ese amor de juven­tud, el primer romance, el primer beso, los primeros suspiros de amor... ¿quedan olvidados para siempre a medida que el tiempo transcurre y la vida separa a los protagonistas? ¿Puede renacer la pa­sión, aunque haya pasado mucho tiempo desde el último beso? Los casos de parejas actualmente felices que vivieron un primer amor in­quieto y apasionado, pero el cual fue interrumpido por el destino, y que se han vuelto a encontrar después de años de separación (para descubrir que, efectivamente, estaban hechos “el uno para el otro”) son más frecuentes de lo que pudiéramos imaginar... al menos, esto es lo que indican las estadísticas a nivel internacional. Y si se analiza la situación en la que se hallan los protagonistas de estas historias de amor interrumpido, es fácil explicar por qué sucede así. En efecto, son muchos los factores que inciden a la hora de que se vuelva a encender la llama de la pasión en una pareja que –por un motivo u otro– tuvo que dar por terminada su relación en un momento dado del pasado.

Entre estos factores hay que considerar:

• el sentimiento de familiaridad existente entre los miembros de esa pareja (ambos se conocen bien, por lo que las sorpresas en las rela­ciones pueden ser pocas);

• un sentido de que se debe terminar algo que comenzó y que quedó inconcluso (una necesidad de superar lo que en un momento dado fue una frustración para los dos, evidentemente);

• un sentimiento de atracción física que evidentemente se man­tiene; y

• el cariño (o el afecto) que pudo haber existido entre ambos, el cual no ha podido ser borrado con el tiempo.

Debido a estos elementos –que he podido comprobar en mi práctica que influyen poderosamente en las emociones de las personas invo­lucradas en estos casos que yo llamo de “volver a empezar”– cuando algún amor interrumpido resurge en la vida es muy fácil seguir ade­lante donde quedó pendiente el último capítulo... aunque, desde luego, esto no excluye que la pareja viva nuevas emociones que surgen ahora como producto de la madurez de ambos y de las nuevas expec­tativas que puedan tener ante la vida. Es decir, en estas parejas, el amor siempre existió, estaba dormido; al ser reactivado nuevamente, el corazón vuelve a latir de prisa, el sentimiento de no poder dormir o comer (que embarga a las parejas enamoradas) se mantiene pre­sente... y todas las emociones relacionadas con la pasión y el deseo vuelven a manifestarse.

¡CASI TODAS LAS PAREJAS

QUE “VUELVEN A ENCONTRARSE”

TIENEN CARACTERISTICAS COMUNES!

Las particularidades del reencuentro entre dos ex amantes tienen ca­racterísticas comunes... Casi siempre son

• personas de edad ya madura que comienzan a pensar más en términos de cariño a largo plazo, compañía y confianza íntima que en las emociones que puede provocar la explo­ración de lo desconocido y las incertidumbres de vivir una nueva aventura.

En estos casos, cuando no se ha perdido del todo la relación con el primer amor, o cuando éste llega y existe la oportunidad de poder unirse nuevamente, no hay mucho de qué hablar (Eloísa y Pablo, los sujetos de mi ejemplo, así lo comprendieron en su primera entrevista al encontrarse de nuevo). La situación, desde luego, es más fácil para comenzar de nuevo cuando ninguno de los dos miembros de la pareja se encuentra comprometido en esos momentos... si el divorcio, la se­paración, o la viudez han puesto punto final a relaciones del pasado y no se han vuelto a casar. En estos casos, la decisión de reactivar el romance inconcluso depende únicamente de las emociones que cada uno de los miembros de la pareja despierte en el otro.

En muchos casos un hombre prefiere casarse después de algunos años con esa mujer que conoció cuando eran muy jóvenes (y con quien vivió un romance apasionado), precisamente porque considera que ahora los dos tienen más experiencia de la vida, son capaces de evaluar mejor la importancia del amor y la compañía, y no tienen que enfrentarse a todas las incertidumbres que se viven en la primera juventud, cuando la pareja debe luchar para desarrollarse económi­camente y establecer un patrón de vida con respecto a la vida en fa­milia. Para la mujer, proseguir con un amor inconcluso despierta en ella –por lo general– emociones románticas que la hacen vibrar in­tensamente (consideremos siempre que el romanticismo es un ingre­diente más exacerbado en la mujer que en el hombre). Asimismo, el hecho de que el hombre en cuestión haya tenido otras aventuras sen­timentales y sexuales, constituye una especie de garantía para ella de que lo que él ahora anhela, a su lado, es encontrar paz y estabilidad para su vida en general... ¡una especie de seguro para la fidelidad!

EL SENTIDO DE INTIMIDAD Y

FAMILIARIDAD ES OTRO FACTOR

DECISIVO EN LA

REACTIVACION DEL PRIMER AMOR...

En la mayoría de los casos de parejas que una vez estuvieron enamo­radas y que se han reunido después de años de separación, las mis­mas señalan como punto común de atracción:

• el sentido de intimidad y familiaridad que disfrutaron cuando se conocieron, así como el deseo (o la necesidad) de revivir épocas pasadas que por lo general consideran que fueron más felices.

Muchas de estas parejas se conocieron en la escuela, cuando eran es­tudiantes; o vivieron en una misma ciudad; o trabajaron juntos; o participaron en alguna actividad social que los mantuvo unidos du­rante algún tiempo... El amor entre ellos fue la primera experiencia, la apertura de los ojos a la vida... aunque –como bien confiesan casi todos los miembros de parejas que han empezado de nuevo– “estamos conscientes que de habernos casado en aquella época, hoy estaríamos divorciados y jamás nos habríamos reencontrado. Nuestro grado de inmadurez en aquel entonces no nos habría permitido ser felices el uno junto al otro”.

Es una apreciación instintiva en estas parejas, pero detrás de ella hay una razón sicológica válida:

• el primer amor es sumamente espontáneo, irreflexivo, inmaduro, y casi nunca toma en cuenta otros factores que –posteriormente– son los que determinan el éxito de una relación; entre ellos, las diferencias culturales, socia­les, educacionales, los intereses comunes... elementos que surgen cuando la pasión de los primeros tiempos cede a las realidades de la vida cotidiana.

En el caso de las parejas que vuelven a empezar, como han avanzado en edad y la espontaneidad de la juventud se halla más bajo control, todos esos impulsos que en definitiva están movidos por la atracción sexual son canalizados de otra forma, más constructiva y duradera.

¿QUE SUCEDE CUANDO EL

PRIMER AMOR APARECE... Y

EL OTRO MIEMBRO DE

LA PAREJA NO ESTA LIBRE?

En algunos casos, sin embargo, la reactivación de un primer amor puede poner en peligro la estabilidad de parejas ya establecidas. Hay ocasiones en los que tanto el hombre como la mujer que estuvieron involucrados sentimentalmente en su primera juventud se encuen­tran de nuevo... pero cada uno está casado, tiene hijos, y han fundado familias sólidas. ¿Qué sucede entonces...? La respuesta es sencilla:

• la estabilidad de la relación actual es puesta a prueba, y la revaluación de las posibilidades de volver a empezar donde el pasado quedó interrumpido es más intensa, más minuciosa... más agobiante, si se quiere.

En circunstancias de este tipo, el reencuentro con un amor impor­tante del pasado implicaría la interrupción de la vida familiar, un divorcio, y hasta la separación de los hijos... una turbulencia emo­cional que no todas las personas están dispuestas a experimentar. Pero si la posibilidad de empezar nuevamente lo que una vez quedó pendiente resulta realmente importante, no hay duda de que ello es índice de que la relación conyugal actual, que se consideraba sólida y estable, en realidad debió haber estado resquebrajada por puntos que –tal vez– ni siquiera fueron percibidos debido a la rutina conyugal que muchas veces hace que una pareja que ya no se ama debidamente permanezca unida.

Pero hay otro factor que debe ser considerado como motivación en estas parejas que aparentemente están “felizmente casadas” y que, de repente, ponen su estabilidad familiar en juego debido al reencuentro con un amor del pasado que despierta nuevas inquietudes:

• Es evidente que cuando un hombre o una mujer se encuen­tra en la mediana edad, en muchas formas puede conside­rar que “necesita un cambio” o le asalta la inconformidad de que su vida se encuentra ante “un callejón sin salida”.

Son emociones que escucho a diario de pacientes que están atrave­sando la llamada crisis de la mediana edad. Así, al enfrentarse en esos momentos críticos a las inquietudes de un amor que ya cono­cen, tendrán la oportunidad de revivir recuerdos y momentos de una juventud que ya sienten que se escapa. En otras palabras: tienen ante ellos la oportunidad de volver a sentirse jóvenes, porque en casi todos los casos, los miembros de estas parejas que se amaron en el pasado comienzan a tratarse como si tuvieran la misma edad en que dejaron de verse... ¡y esto resulta verdaderamente reconfortante para ambos!

Asimismo, no podemos pasar por alto la posibilidad de que el reen­cuentro con el amor del pasado se produzca en un momento que coin­cida con alguna etapa de crisis matrimonial o de soledad de uno (o ambos) de los miembros de la pareja. Esto facilita la situación para volver a empezar, especialmente porque el cónyuge en crisis puede sal­tar rápidamente de una relación inestable a una relación que le ofrece confianza, porque ya la conoce y sabe que puede confiar ampliamente en ella. No obstante, a pesar del sentimiento de comodidad emocional que esto representa (por así llamarlo), este salto a la relación del pa­sado conlleva ciertos peligros:

• aunque sea un reencuentro entre personas que se conocen íntimamente (porque se amaron en una ocasión), hay que efectuar ciertos ajustes emocionales indispensables, ya que el tiempo ha dejado sus efectos en los caracteres de ambos miembros de la pareja.

Es decir, en ningún momento se puede perder la perspectiva de que se trata de dos individuos que pueden compartir las mismas emociones de un pasado sentimental que quedó trunco, pero que son dos perso­nas totalmente distintas a las que se dejaron de ver hace veinte o más años atrás, y que –además– cada uno ha desarrollado compromisos e intereses diferentes ante la vida. ¿Quedan aún puntos en común que puedan volver a unirlos? ¡Es preciso determinarlo!

¡OTRAS VENTAJAS DE “VOLVER

A EMPEZAR” CON UN VIEJO AMOR!

Cuando los miembros de una pareja se ven obligadas a poner punto final a su romance en un momento de la juventud, y cada cual sigue su camino en la vida (como el caso de Eloísa y Pablo) y luego se reen­cuentran, existe la ventaja innegable de que ambos se han dado el tiempo necesario para que se produzca su reafirmación como indivi­duos y su realización personal. Es decir, al empezar de nuevo, nin­guno de los dos se ha tenido que enfrentar a todos los procesos de identificación (tipo de trabajo y de vida, principalmente) que quizás habría puesto en crisis su relación si hubieran tenido que compartir juntos esa etapa de ajuste a las realidades cotidianas por la que debe atravesar todo individuo y toda pareja como parte de su desarrollo emocional. Hasta cierto punto, podría parecer una actitud un tanto egoísta por parte de estas parejas que empiezan nuevamente... pero de­jando atrás (¡saltando!) todas las crisis, incertidumbres y momentos de inestabilidad que tuvieron que vivir antes (probablemente al lado de otra persona) para aceptar ahora una nueva oportunidad que les brinda la vida de continuar adelante con lo que quedó pendiente, sin los agobios del pasado.

¡EN EFECTO, HAY

“VIEJOS AMORES” QUE

NUNCA SE ALEJAN!

Las líneas que traza la vida no siempre son derechas, y en muchas ocasiones debemos enfrentarnos a situaciones con las que es posible que no estemos de acuerdo, pero que debemos aceptar... quizás porque no hay otra alternativa. En el amor esto sucede frecuentemente, y son muchos los motivos que pueden interrumpir una relación sen­timental para que los analicemos en este artículo. No obstante, mu­chas veces, esos amores imposibles nunca llegan a terminar comple­tamente... Es el caso de las parejas que se han amado intensamente, que han debido poner un punto final al amor, pero que siempre han mantenido viva la relación a través de cartas intrascendentes, lla­madas de teléfono ocasionales, postales de Navidad, y felicitaciones en los días de cumpleaños, por ejemplo. Este tipo de relación (que más bien podría ser identificada como la de dos buenos amigos de la in­fancia), cuando no se interrumpe a través de los años, podría ya ser el preludio para un reencuentro amoroso con un desenlace imprevisi­ble... ¡sólo falta la oportunidad de que las emociones pasadas se acti­ven y se tomen decisiones al respecto, evidentemente!

Por supuesto, esto no quiere decir que una mujer o un hombre fe­lizmente casado vaya a dejar su vida y su familia por unirse nue­vamente con su primer amor (o un amor importante del pasado) tan pronto como éste aparezca de nuevo en su existencia. Sin embargo, en situaciones de crisis conyugal, ésta sería una opción muy posible para personas que buscan la estabilidad y que rechazan explorar las posibi­lidades que ofrece vivir aventuras sentimentales con personas a las que no se conoce profundamente... como sucede en el caso del primer amor.

 

Modificado el ( domingo, 10 de enero de 2010 )
 
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